Lima, Noviembre 2006
La falta de una plena aceptación de la actividad mineroenergética por parte de la opinión pública en nuestro país está directamente ligada a la inexistencia de una buena reputación por parte de muchas empresas, las que con la imagen que reflejan construyen la imagen del sector.
Si bien para lograr una mejor comprensión del sector es necesario comunicar eficientemente los aportes del sector a la economía nacional, este esfuerzo quedará en la epidermis de la opinión pública si es que no se trabaja primeramente en la construcción de una reputación en cada una de las empresas; para ello es imprescindible un óptimo comportamiento corporativo en los temas sociales y ambientales, un diálogo franco con todos los públicos de interés, con el alineamiento de sus trabajadores hacia una conducta de respeto a las comunidades, y el establecimiento de una visión compartida con dichas comunidades sobre lo que se desea de la zona de operaciones a futuro.
Un instrumento eficaz que colabora en la construcción de esta reputación del sector es la responsabilidad social, y entre las diferentes alternativas que se presentan, hoy la educación es para el empresariado privado más que una alternativa de trabajo de responsabilidad social una opción estratégica para asegurar el funcionamiento armónico de sus operaciones, pues el mejoramiento de la educación significa sentar las bases de la piedra angular del desarrollo sostenible.
Lo mencionado tiene una mayor relevancia para el caso de las actividades mineroenergéticas, en las que el relacionamiento comunitario, incluidos el apoyo al desarrollo social y una comunicación abierta, transparente y permanente son indispensables para logro de la visión compartida entre comunidades, autoridades y la empresa; de otra manera las empresas podrán producir, pero con las intermitencias de los conflictos sociales que con frecuencia nos informan los medios de comunicación.
El trabajar en el mejoramiento de la educación, contactando directamente con los docentes de las zonas de influencia en cursos, talleres, ferias de ciencias y otras actividades de capacitación, permite informarles sobre las actividades que desarrolla la empresa, el probable impacto que tienen sus actividades, y las acciones que toman en su gestión social y ambiental para mitigar dichos impactos.
Este acercamiento al magisterio –genuinos líderes de opinión en las zonas de operaciones- permite además rebatir muchos mitos y connotaciones negativas sobre la actividad que ancestralmente se tiene en el subconsciente colectivo, llamado por los especialistas el “pasivo antropológico”, y rebatir aquellos argumentos que con una eficiente y permanente comunicación vienen esgrimiendo algunas ONGs opuestas a las actividades extractivas.
El aquilatamiento del sector mineroenergético no depende pues exclusivamente de una campaña de comunicación, sino de un trabajo inicial en el interior de las mismas empresas destinado a construir una buena reputación; y es en este trabajo que la apuesta la apuesta por el mejoramiento de la educación en las poblaciones de sus áreas de influencia se presenta como un alternativa con gran potencial.
Este trabajo tendrá logros, a no dudarlo, de mediano y largo plazo, sin embargo es inaplazable su inicio.
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