martes, 18 de julio de 2017

¿Genera valor agregado la minería peruana?


18 de Julio del 2017
Refutando un viejo prejuicio
Una de las principales críticas que recibe la minería es que no genera valor agregado, que solo se exportan minerales sin mayor transformación del recurso natural. Este relato se repite entre activistas, académicos, investigadores, periodistas y hasta empresarios; pero veamos el caso con mayor detalle.
Este concepto decimonónico de valor agregado es planteado por Carlos Marx, y se limita al mayor valor que tienen las materias primas al ser transformadas gracias al aporte de los trabajadores en el proceso productivo. Hoy, en el siglo XXI es usado pese a su limitación a la mera producción. Sin embargo al estudiar con mayor detalle el sector minero encontramos razones que nos permiten afirmar que el nulo valor agregado de nuestra minería es una falacia.
Por un lado tenemos el concepto económico de valor agregado. Sobre ello el IPE analiza en su reciente libro El valor agregado de la minería en el Perú (1) la Tabla Insumo Producto del INEI, que permite conocer las diferentes interrelaciones que se dan entre los diferentes sectores productivos de nuestra economía. Esto ayuda a cuantificar el valor agregado generado por la minería peruana en los últimos años.
En dicho estudio se realiza un ejercicio que considera S/ 1,000 extras de exportación de minerales, aporte que genera por un lado en promedio S/ 1,200 adicionales a nuestro PBI nacional, y entre S/ 270 y S/ 283 en ingresos adicionales para el gobierno vía impuestos.
El estudio también concluye que el valor agregado de la producción minera —considerando tanto la exploración, la explotación y el concentrado— es de 70%. Además concluye en que por cada empleo formal que se genera en la actividad minera se crean 6.25 empleos adicionales en los sectores ligados a la actividad minera.
Económicamente se demuestra, pues, que sí existe un valor agregado en el proceso productivo, generando empleo, impuestos, exportaciones y dinamizando nuestra economía. Por el contrario, el valor agregado de los procesos de fundición y refinación (transformación del recurso natural) es de tan solo 10% (tomando como ejemplo el complejo metalúrgico de la Oroya).
Adicionalmente, el valor agregado de la minería, entendido como los beneficios adicionales que trae con su dinamismo, se materializa en diferentes aspectos que por lo común no se conocen ni se mencionan. Así podemos considerar como aporte de la minería a puntos como:
  • La exploración minera. Labor geológica que tiene como objetivo identificar los yacimientos de minerales que son económicamente valiosos, y que pone en valor dichos recursos naturales. Claro está que si no son puestos a disposición para su explotación no tienen valor alguno (el mendigo sentado en un banco de oro).
  • La minería es sin lugar a dudas la actividad líder en responsabilidad social en nuestro país, puesto que no comprometerse con las necesidades de las poblaciones del entorno a sus operaciones significa un futuro vedado a la actividad. La inversión social en programas de salud, educación, infraestructura, procesos productivos y otros tiene como fin mejorar la calidad de vida de las poblaciones vecinas. Ello se materializa en la existencia de gerencias y áreas especializadas en relaciones comunitarias, en las que trabajan sociólogos, antropólogos, economistas, zootecnistas, veterinarios, biólogos, agrónomos y otras profesiones que décadas antes no consideraban a la minería como una alternativa de trabajo.
  • Tema importante en esta gestión social es el haber aprendido que un punto básico antes de financiar proyectos es trabajar en el desarrollo de capacidades en las poblaciones vecinas. Esto permite que la inversión social sea eficiente, y que la población pueda lograr éxitos en los emprendimientos que se plantee.
  • La minería invierte en investigación y desarrollo, logrando innovación tecnológica que permite una mayor eficiencia en sus operaciones. Estos avances tienen un potencial para exportar tecnología, y trasladarla a otros sectores productivos.
  • Por otro lado tenemos a la formación de talento humano especializado, con gran demanda en otros países. Ingenieros de minas, geólogos y otros profesionales peruanos son demandados en otros países, generando ingresos al país vía las remesas que envían.
  • A ello se le puede sumar la dinamización del mercado bursátil. Nuestra Bolsa de Valores se sustenta prioritariamente en las cotizaciones de empresas mineras que operan en nuestro país.
Nuestra minería genera valor agregado. Queda el reto de comunicarlo, explicarlo y rebatir posiciones que erróneamente la califican como mera exportadora de piedras.

  1. El valor agregado de la minería en el Perú; Instituto Peruano de Economía (junio 2017)
 Artículo publicado en El Montonero http://elmontonero.pe/columnas/genera-valor-agregado-la-mineria-peruana 

lunes, 26 de junio de 2017

Que nuestra población tenga orgullo de su minería.

La minería, en su calidad de industria extractiva, tiene en contra de su desarrollo a activistas y ciertas ONG que trabajan a tiempo completo, financiadas en varios casos por fundaciones del hemisferio norte. Esta situación, que se presenta a nivel global, tiene en el Perú un campo fértil en su estructura socioeconómica. El contraste entre una comunidad alto andina que vive a niveles de subsistencia y un proyecto minero moderno es una muestra de los retos que tenemos como país para lograr nuestro desarrollo.
Es innegable que de por sí la presencia de un proyecto minero tiene impactos sociales, como la generación de sobre expectativas en la población, cambios en los patrones culturales, modificación de los patrones de intercambio dada la conectividad a mercados, diferencias de posiciones entre los mismos comuneros, entre otros. Lamentablemente en algunos casos se dan otros impactos: la politización del proyecto argumentando temas ambientales y, finalmente, la radicalización de ciertos actores, cuyas acciones en ocasiones desembocan en conflictos socio ambientales.
También es verdad que la percepción que tiene la opinión pública sobre la minería no es tan positiva como se desearía; más aún, se le relaciona, por parte de activistas contrarios a las industrias extractivas, con la contaminación ambiental. Estos activistas desarrollan una labor permanente en las zonas de operaciones, brindando información tendenciosa, la que no necesariamente es contrastada por la población con versiones del empresariado. Ello ha permitido que se generen muchos mitos, creencias y prejuicios respecto a la operatividad de empresas del sector minero.
Analistas y consultores que explican esta situación, y también algunos mineros, coinciden en que el problema es que la minería no ha sabido comunicar. Que es la falta de comunicación la causa de que los diferentes grupos de interés tengan percepciones sobre las operaciones que generalmente no coinciden con la realidad, y también del desconocimiento de los esfuerzos que realizan las empresas en gestión social y ambiental en las zonas vecinas a sus operaciones. No les falta razón, pero dejar la responsabilidad de la actual percepción de la minería solo en la comunicación (o la falta de esta) es minimizar una compleja realidad. Son las ciencias sociales las que más luces nos pueden dar al respecto.
Más que de comunicación, la alternativa que tienen las empresas es reforzar su gestión de relacionamiento. Realizar un mapeo de los grupos de interés, calificarlos según su importancia (poder, legitimidad, urgencia, etc.), centrar la gestión en los más importantes, y tomar contacto con ellos con el soporte de un plan de relacionamiento individualizado.
Este refuerzo en la gestión de relacionamiento implica contar con un presupuesto muy menor al de una campaña en medios masivos; también se requiere contar con recursos humanos multidisciplinarios. Comunicadores, por supuesto, pero también sociólogos, antropólogos, economistas y otros profesionales que permitan contar con un diagnóstico preciso de las comunidades con las que resulta necesario construir una relación de mutuo beneficio, armónica y duradera.
El tema es relacionamiento. La comunicación está al servicio de la gestión de relaciones con los grupos de interés, adecuando los mensajes claves a los canales y características de cada uno de ellos, y utilizando sus propios formatos y lenguaje. El que cada actor sea materia de un plan de relacionamiento permitirá que el trato sea directo y exclusivo, y por lo tanto más eficiente.
Son muchos los retos de la minería, construir una buena reputación del sector y lograr la aceptación de la población son dos de ellos, pero la visión es que nuestra población tenga orgullo de su minería.

Publicado en: http://elmontonero.pe/columnas/que-nuestra-poblacion-tenga-orgullo-de-su-mineria

martes, 5 de abril de 2016

¡Fuerza Roberto!

Universitario de Deportes: Roberto Chale será operado en los próximos días
Soy de la generación de los cremas que nos bautizó Roberto Challe Olarte, aquel muchachito de pases geniales y encendedor de trifulcas. Mirábamos y escuchábamos las genialidades del Niño Terrible, tanto con la pelota en los pies (hasta había un huaynito que decía "gol, gol del Perú, pase de Challe gol de Cachito...") como con la picardía que hasta hoy lo acompaña y que genera una huella de anécdotas de todo tipo a su paso
Roberto no jugó en el extranjero, se retiró antes de tiempo. Mi padre requintaba y lamentaba cada vez que mi hermano o yo lo mencionábamos: "¡ese si no fuera jaranista estaría jugando en el equipo que se le antojara!" sentenciaba.
Roberto no ha tenido una vida fácil, transitó con sus excesos que lo alejaban de su trabajo profesional y del lado claro del mundo. Sin embargo siempre estuvo presente cuando las papas quemaban, esta vez con el buzo de DT, festejando campeonatos con la Crema, o recuperando el equipo dirigido por un “mundialista” y recuperarlo anímicamente y llevarlo a la punta; o cuando con la selección peruana ya estábamos casi fuera y se hablaba que Argentina con Maradona nos pasarían por encima; qué pasó: preguntale al Dieguito che pibe!
En sus ausencias mediáticas hacía vida de hogar. Casi vecino mío, lo veía leyendo titulares de diarios en el kiosco de Las Artes Norte, o a las siete y media de la mañana saliendo de la panadería de San Luis con Hardaza con su bolsa de pan, y siempre con su buen humor y facilidad para generar sonrisas, respondiendo los saludos de la gente con humildad, dando pie a pequeñas conversas con sonrisas de despedidas
Su último ingreso como entrenador fue muy cuestionado, que ponían a alguien mediático para liberar a la administración de la lupa de la hinchada; que sin la ayuda de alguien que le haga el trabajo de cancha la cosa no iba; o que ya no estaba para esos trotes; que esta desactualizado, etc. Sin embargo la realidad nos tapó a muchos la boca; incluso seguíamos pidiendo que no se le acabe el repertorio de chistes a Robertito porque si no se nos cae el equipó.
Que Roberto necesita un asistente que le haga el trabajo de campo es verdad, con él desfilaron con éxito Cachete Reyna, Pajuelo y hoy Paolo y/o el Puma (zona gris para mí). Es un complemento al trabajo que realmente él hace y para el que tiene una fortaleza poca poco común: saber ver fútbol, el propio y el del rival, y con ello diseñar ese fútbol vistoso que acaba en goles y en tribunas llenas.
Hoy Roberto, pesando tal vez los kilos que tenía cuando se retiró de jugador, tiene un reto mayor, por el que estamos seguros estarán intercediendo por él la legión crema del cielo, encabezada por Lolo y el Ing. Rafael Quirós.
Fuerza Robertito! Tienes aún objetivos y conversas pendientes,
Dale Campeón!

jueves, 13 de noviembre de 2014

“Si la reputación es hacer las cosas bien y que te reconozcan por ello, lo primero es hacer las cosas bien”


Justo Villafañe, el gurú de la reputación corporativa, visitó Lima hace unas semanas; tuve la suerte de conversar con él sobre reputación, responsabilidad social, comunicación corporativa y buen gobierno corporativo.




¿Cómo ha mejorado la comunicación corporativa en las empresas en las últimas décadas?
Se ha experimentado un cambio que se podría denominar la racionalidad empresarial. Si hace 15 años le hubiéramos preguntado a una persona informada qué es una buena empresa, ésta diría que una buena empresa es aquella que maximiza el beneficio y gana más dinero. Las buenas empresas obviamente tienen que ganar dinero, como síntoma de excelencia y buena gestión, pero deben hacerlo de forma ética y sostenible. Esa racionalidad se expresa a través de la armonización de los resultados, la ética y la responsabilidad.

Es así que la reputación corporativa emerge con fuerza
La reputación expresa ese cambio en la racionalidad empresarial. Son seis los factores que determinan una buena reputación: la rentabilidad, la buena calidad de la oferta comercial, la ética, responsabilidad y sostenibilidad, el talento, la innovación y la internacionalización. Esos son los seis factores de la reputación. Yo he dicho muchas veces que la reputación es lo que se llamó hace algunos años: la calidad.

¿Por qué una empresa debe invertir en construir una buena reputación corporativa?
Las empresas con buena reputación generan valor económico y fidelizan a sus clientes mediante vínculos emocionales. Además, una empresa con reputación atrae capitales y mejor talento a las corporaciones.

¿Qué implica para una empresa embarcarse en la construcción de su reputación?
Si yo tuviera que definir de manera sintética la reputación, diría que una empresa tiene reputación porque tiene buena realidad corporativa, y ésta, a su vez, es reconocida por sus grupos de interés. Por lo tanto, la reputación se entiende desde la óptica multistakeholders. Por consiguiente, una empresa reputada tiene que ser buena para los clientes, empleados y para las comunidades. Y esa óptica multistakeholders es una de las características que define la comunicación corporativa.

¿Cuáles son los retos que enfrenta una empresa al construir su reputación corporativa?
En primer lugar, debe tener las metas claras y bien esclarecidas. Si la reputación es hacer las cosas bien y que te reconozcan por ello, lo primero es hacer las cosas bien. Y a partir de ahí entra a tallar la comunicación para poner en valor lo que se hace bien. La comunicación no genera reputación, lo hace el buen manejo económico y el buen trato a los empleados. Cuando eso se traslada a los grupos de interés, es cuando la empresa pone en valor su reputación. Y el CEO es quien debe liderar el hacer las cosas bien.
 
En el caso de minería se da el síndrome de Van Gogh. Este sector es uno de los que más invierte en responsabilidad social, pero…
La responsabilidad social es una parte de la reputación. Es una condición necesaria, pero no suficiente de la reputación. El sector minero tiene 12 empresas entre las 100 empresas con mejor reputación en el Perú. Ahora bien, no es lo mismo estar en los 30 primeros que figurar entre los 30 últimos. La puntuación de esas 12 les da un valor medio de las doce mejores del sector minero, pero no son el sector con la mejor reputación del Perú.

Entre los factores que determinan la buena reputación está la calidad de la oferta comercial. ¿Pero qué pasa con empresas que trabajan con “commodities” como los minerales e hidrocarburos?
Hay una desventaja. En Merco tenemos 12 fuentes diferentes de evaluación. No solo evaluamos lo que dicen los ciudadanos de la calle. También evaluamos lo que piensan los directivos, los sindicatos, las ONG, las asociaciones de consumidores, académicos del área de la empresa, los propios trabajadores. Esas valoraciones se hacen con públicos informados. En ese sentido, las empresas de consumo masivo siempre tendrán una leve ventaja, pero se puede hacer un balance con una empresa minera porque los encuestados son personas informadas.

¿La buena reputación es un escudo para protegerse ante una crisis?
En lo que a las crisis se refiere, aminora la pérdida de valor de la empresa. No hay reputación que evite una crisis. Lo que hace la buena reputación es que las empresas que sufren una crisis pierden menos valor que las empresas con reputación discreta. Porque las empresas con buena reputación son más confiables y son más creíbles en situaciones de crisis.

¿Es verdad o se ha sobredimensionado el tema de la reputación “online” o en redes sociales?
Un poco de ambas cosas. Puede haber un sobredimensionamiento. No todo aquello que tiene una alerta es nocivo para la reputación para la empresa, pero es cierto que hace 25 años el mundo no estaba interconectado y muchas de las conductas de las empresas pasaban inadvertidas, tanto las buenas como las malas. Eso ya no es así. A las redes sociales o internet hay que darle la importancia que deben, pero no hay una reputación online. Sólo hay una sola reputación, no dos.

¿Cuál es su apreciación respecto al sector minero?

El sector minero peruano es un sector con buena reputación. Lo que tiene que hacer para mejorar es efectuar un diagnóstico riguroso y un programa de mejora de la reputación de compañía en compañía. En América Latina es un sector bueno en cada uno de los segmentos de la reputación. Es rentable, competitivo y tiene relación con comunidades. El reconocimiento también se gestiona. 

La entrevista fue publicada en la revista Desde Adentro de octubre del 2014
http://www.snmpe.org.pe/informes-y-publicaciones-snmpe/revista-desde-adentro/edicion-octubre-2014.html

lunes, 7 de abril de 2014

VAN GOGH Y LA REPUTACIÓN CORPORATIVA

Vincent Van Gogh, uno de los más importantes pintores del postmodernismo, no pudo gozar en vida el reconocimiento que hoy tienen su obra; su prematura muerte y la vida alejada del mundo artístico demoraron la difusión de sus trabajos entre los entendidos, tanto así que se dice que en vida solo vendió una obra suya.

La reputación corporativa es un premio que tácitamente recibe una institución por parte de los diferentes grupos de interés con los que interactua; esta reputación es un valioso intangible que se construye con el tiempo a través del comportamiento organizacional basado en valores como la solidaridad, la responsabilidad, el respeto, la transparencia y un actuar que va más allá del mero cumplimiento de las normas.

Pero, ¿de qué sirve este buen comportamiento si no es conocido y menos valorado por los grupos de interés?, no de mucho; si esta buena realidad que la organización ha construido con trabajo no es reconocida, no se logra posicionar entre los grupos de interés el concepto de empresa con buena reputación, ni se goza de los beneficios que ella trae. En este caso se da lo que Justo Villafañe, estudioso de la reputación, llama el “Síndrome de Van Gogh” (1).

Algo así parece pasar por ejemplo con las empresas mineras que operan en nuestro país. El sector minero es tal vez el que más invierte en proyectos de responsabilidad social enfocados en lograr el desarrollo sostenible de las zonas donde operan, hecho que se refleja en los organigramas donde se encuentra cada vez con mayor frecuencias gerencias de Relaciones Comunitarias destinadas a generar una buena relación con las poblaciones aledañas; y en la existencia de fundaciones y otras organizaciones dependientes de las mineras que canalizan fondos de inversión social hacia la comunidad.


Este buen comportamiento es reconocido por el estudio Merco Perú 2012 (2), que presenta un ra
nking de las empresas con mayor responsabilidad y gobierno corporativo que operan en nuestro país, en el que se ubican tres mineras entre las diez primeras empresas; sin embargo el mismo estudio incluye otro ranking, el de las empresas con mejor reputación corporativa, y ninguna minera figura en el top ten.

¿Cómo quebrar este síndrome de Van Gogh que no es exclusivo del sector minero en nuestro país? Pues trabajando en el reconocimiento de este buen comportamiento por parte de los diferentes stakeholders, gestión que exige un monitoreo previo para establecer prioridades entre los públicos objetivo, y un tratamiento individual para cada uno de ellos de acuerdo a los intereses que tengan en la empresa.

Esta gestión del reconocimiento de la reputación de las empresas debe incluir una batería de actividades de comunicación como la edición y difusión de sus Reportes de Sostenibilidad con las exigencias del Global Reporting Initiative GRI; fortalecer el diálogo honesto y permanente con las comunidades aledañas; la construcción de una relación fluida y transparente con la prensa; la identificación y relacionamiento con líderes de opinión locales y nacionales; una comunicación interna constante que permita alinear a los colaboradores con los objetivos de la empresa, entre otras actividades destinadas a relevar las buenas prácticas ejecutadas por la empresa.

Es importante tener en claro que la comunicación por ella misma no genera reputación, a lo mucho una buena percepción que puede ser muy efímera como la imagen; la reputación la genera una buena realidad construida con el comportamiento, complementada por el reconocimiento de esta buena realidad por parte de los grupos de interés.

La construcción de una buena realidad es prioritaria y condición básica para lograr una buena reputación; así es indispensable que las empresas que aún no lo han hecho se embarquen en una gestión real y mesurable de buen gobierno corporativo, que sea solidaria y responsable tanto en temas sociales como ambientales, y acompañen este proceso con un plan de comunicaciones destinado a lograr el reconocimiento de ese buen comportamiento corporativo.

Una empresa con buena reputación cuenta con sólidas ventajas como su aceptación por parte de la comunidad, un seguro contra posibles crisis por su credibilidad, una mayor facilidad para captar capital humano entre muchas otras que permitirán su sostenibilidad y competitividad.


Humberto Arnillas

(1) Justo Villafañe; Seminario Internacional Reputación Corporativa, Lima 28 de octubre de 2013 (2) Merco Perú 2012; Villafañe & Asociados Consultores

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Responsabilidad social, premios y reputación corporativa

Iniciada ya la segunda década del siglo XXI es muy difícil encontrar empresarios que no hayan escuchado sobre la responsabilidad social corporativa, sin embargo aun tenemos mucho trecho por delante para que tanto empresas como organizaciones tengan de una manera natural no solo presupuestos para actividades de responsabilidad social, sino que consideren a esta una alternativa estratégica para el desarrollo propio de sus organizaciones.

Muestra de lo que se ha avanzado hasta el momento es la creciente demanda de profesionales entendidos en dichos temas por parte de empresas; la mayor frecuencia de diplomados y cursos ofrecidos por universidades sobre responsabilidad social, desarrollo sostenible y temas afines; la existencia de instituciones especializadas que promocionan el tema entre el empresariado; y la labor realizada por los mismos gremios de empresarios (recordemos que Perú 2021 nace como iniciativa de Confiep, por ejemplo);

La presencia de premios sobre dichos temas también es una muestra de la maduración que logrando nuestro mercado. Los empresarios reciben como parte de su correspondencia invitaciones a participar en diversos concursos o premios en los que se pretende relevar la gestión ambiental y de responsabilidad social de sus empresas, sin embargo siempre existe la duda de presentar un trabajo o no.

¿Es conveniente participar en estos premios? Desde luego que sí, puesto que el reconocimiento que logra la gestión de una empresa por parte de terceros abona en la construcción de su reputación en la medida que se hace público el comportamiento responsable de la empresa ganadora; sin embargo la decisión de participar o no debe considerar una evaluación previa que considere varios aspectos.

Un primer punto antes de decidir participar en el concurso es tener información sobre la entidad organizadora del evento, conocer a qué se dedica, qué tan conocida es, cuál es la imagen que tiene en la colectividad, y principalmente, cuál es su relación con la temática de la premiación.

En nuestro mercado, como en otros, existen muchas empresas que ven la organización de premios como un mero negocio; mostrar a la comunidad uno de estos premios puede ser incluso contraproducente para la reputación de la empresa premiada, puesto que si bien puede lograrse un reconocimiento en el corto plazo por parte de algunos públicos no lo será en el caso de los entendidos en el tema que se constituyen como líderes de opinión, los que no tardarán en emitir su parecer.

Otro punto a tener en consideración para definir su participación en este tipo de premiaciones es estudiar las bases de la convocatoria. El nivel de exigencia de las bases está en relación directa a la seriedad del evento, puesto que ello implica poner barreras a trabajos que no están lo suficientemente a la altura para competir.

La conformación del jurado que estudiará y calificará los trabajos presentados es también de gran importancia. Si el evento considera como miembros del jurado a personas entendidas y de prestigio en el medio se creará un encadenamiento virtuoso en el que la reputación de los jurados aportará positivamente a la reputación del premio, y consecuentemente a la reputación de las empresas ganadoras.

Anímese pues a participar. Preparar un expediente de acuerdo a bases exigentes permite que la empresa realice una evaluación de la gestión que viene desarrollando, comparándola con trabajos realizados por empresas pares, y que se identifique los puntos de mejora que puedan realizarse en la gestión social y ambiental que viene desarrollando.

lunes, 9 de agosto de 2010

El rol de los comunicadores en el desarrollo nacional

Como respuesta a una sugerencia de tema para debate en le foro Perú 2011, nuestro amigo Aldo Parodi me pidió escribir un artículo sobre el rol de los medios de comunicación y los periodistas en el desarrollo de nuestro país, tema por demás complejo y que toma mayor importancia en medida cuenta que ya comenzó la danza de candidatos para alcaldes y gobiernos regionales.

En realidad más que un artículo académico donde se presenten análisis y soluciones, creí conveniente realizar una lista de reflexiones a modo de preguntas, desde las que los miembros del foro podrán dar sus apreciaciones y aportes a este valioso intercambio de ideas. Van las interrogantes, las que estoy seguro no son las únicas en este tema:

¿Cuál es la responsabilidad de los medios de comunicación en el desarrollo de nuestro Perú?, ¿tienen responsabilidad?, ¿los ciudadanos les exigimos que actúen responsablemente? En algunos países desarrollados los periódicos tienen como parte de su plana de periodistas al “defensor del lector” que es una especie de voz de los lectores al interior del diario, incluso se publican las críticas a la línea editorial del diario o a alguna publicación… ¿qué tan lejos estamos nosotros de tener en los medios peruanos a estos defensores?.

¿Son los propietarios de los medios concientes de qué existe tal responsabilidad? ¿o ven a sus empresas como meros negocios y no miden ni les interesa la influencia que tienen en la opinión pública? En provincias es muy común entre las radios alquilar sus espacios por horas, y no es sorprendente escuchar en un horario a un “comentarista” despotricar del alcalde, y en la hora siguiente escuchar a otro que da loas a la gestión edilicia. Este término “comentarista” me lo explicó un periodista en Arequipa para distinguirse de los ciudadanos que sin formación en comunicaciones toman un micro y hacen “periodismo”.

¿Qué tanto influyen los periodistas en la opinión pública?, ¿y en las decisiones de elección de autoridades?, ¿hemos aprendido del pasado? ¿Ha dejado nuestra prensa las prácticas dictadas desde el SIN en la década de los noventa?, ¿siguen siendo los diarios de medio nuevo sol afiches exhibidos en los kioscos con mensajes subalternos?

¿Son los medios de comunicación un trampolín para personajes con ambiciones políticas?, en nuestro país tenemos una lista larga de políticos que previamente pasaron por “pasantías” en los medios de comunicación donde lograron darse a conocer, la lista va desde Fujimori hasta Gustavo Pacheco, pasando por RBC, la Dra. Ley, Raffo, entre muchos otros.

¿Está sobrevalorado el rol de los periodistas?, ¿y el de los medios de comunicación social?.

¿Cómo identificar a los “Sinchis” que caricaturiza Vargas Llosa en Pantaleón y las Visitadores?, ¿qué tan frecuente es esta práctica?, tal vez más extendida de lo que podamos imaginar. Anécdota aparte, hace un par de semanas me encontré con un periodista conocido de Radio Ovación y que ahora asesora a Julio Pacheco (opositor despiadado de la actual dirigencia crema) y le pregunté cómo hacía para mantener su objetividad, pues se molestó mucho y me dijo literalmente que “qué problema había, si antes había trabajado con Noli” (enemigo público de Pacheco).

¿Qué tan complicado resulta para las empresas, sobre todo para las que las rodean conflictos socio ambientales, administrar su gestión con los medios de comunicación?; ¿qué tan frecuente es el querer comprar a los periodistas que les “alborotan el gallinero”.

¿Cómo vamos en la parte académica? ¿nuestras universidades forman periodistas con criterios de responsabilidad social? ¿cómo es la exigencia académica en las facultades de ciencias de la comunicación? ¿y en los institutos superiores?

¿Por qué la profesión de periodismo es la más “invadida” por profesionales con otra formación?, ¿hay un vacío en cuanto a la calidad profesional de nuestros periodistas?

Finalmente una pregunta más ¿qué opinan ustedes?

El Rol de los Comunicadores en el Desarrollo de Nuestro País

domingo, 7 de septiembre de 2008

Breve Historia de la Minería en el Perú

El Perú es un país que históricamente ha basado su desarrollo económico en las industrias extractivas, sobre todo en la minería; desde tiempos de las culturas pre incaicas la minería tuvo una presencia activa en sus actividades productivas, incluyendo un desarrollo tecnológico de metalurgia que permitió que actualmente sus productos sean admirados por la calidad lograda.

Según Alfonsina Barrionuevo en su libro “Mito, Leyenda, Historia: La Minería en el Perú”, es el arqueólogo Christian Makowsky quien tiene la versión más fresca sobre los inicios de la minería y la metalúrgica en nuestro territorio; así menciona que:

“En el panorama minero el arqueólogo Christian Makowsky ha descubierto hace poco que los más antiguos metalurgistas, que manejaron el cobre, fueron los pobladores de la Tablada de Lurín, en Lima. Les seguirían en antigüedad los anónimos moradores de Waywaka, paraje andahuaylino, en Apurímac, donde trabajó Joel W. Grossman. Ellos dejaron al lado de sus muertos finísimas escamas de plata adelgazadas con unos primitivos e ingeniosos martillos de piedra. Otros, que hicieron un trabajo parecido por el mismo tiempo, son los Chavín, quienes golpeaban las pepitas de oro hasta obtener unas láminas donde grabaron las facciones coléricas de sus dioses.” (1)

Luego de estas primeras presencias del uso del recurso minero por parte de nuestros antiguos pobladores, se detecta ya un uso un tanto más elaborado de los minerales por parte de la cultura Nasca, quienes modelaron vasijas y otros ornamentos de oro para actividades religiosas; por su lado los Tiawanaco y posteriormente los Wari, trataron tanto el oro como la plata. En una siguiente fase, tanto los Mochicas, los Chimus y los Vicus, emplearon ya técnicas de luminado, repujado, anillado y la fundición de minerales, además del esmaltado y la soldadura y el remache en los artículos de metal. (2)

En el imperio incaico la presencia de la minería tiene una significación mayor que en las culturas anteriores, pues si bien también está ligada íntimamente al uso litúrgico y suntuoso que se le dio a los metales preciosos, los volúmenes de producción se incrementaron considerablemente, pues primaba la cosmovisión incaica sobre el Dios Sol, relacionado directamente con el oro, y a la Luna con su contraparte con la plata; es así que cronistas como Poma de Ayala, Garcilazo de la Vega, Gutierrez de Santa Clara y Vásquez de Espinoza mencionan el esplendor que lograban los templos y otros edificios al ser recubiertos con láminas de oro y plata, ello además de los adornos en la indumentaria de las autoridades. (3).

Al respecto Garcilazo es citado por Barrionuevo:

“El oro, la plata y las piedras preciosas que los Reyes Inkas tuvieron en tanta cantidad, como es notorio, no fueron de tributo obligatorio, porque no lo tuvieron por cosa necesaria para la guerra ni para la paz. Solamente lo estimaban para ornato y servicio de las casas reales y templos del Sol”. (4)

Ello demuestra pues, que el uso de los metales preciosos tenía un uso restringido a su componente de decoración y de culto, por lo que su valor de intercambio era prácticamente nulo

Esta mayor demanda de metales preciosos motivó a que se promoviese la mayor explotación, tanto de oro como de plata; y de alguna manera se desarrollase una producción minera, principalmente de minas con vetas ubicadas en socavones poco profundos, y en lavaderos de oro.

La llegada de los españoles marca un punto de quiebre en la historia de la minería en el Perú, puesto que los metales preciosos incorporan su valor fiduciario y se insertan al comercio internacional. Lo mencionado es postulado por Carlos Gálvez Peña en el libro Historia de la Minería en el Perú, de la siguiente manera:

“La conquista española de América tuvo como uno de sus móviles más importantes la obtención de metales preciosos. El hombre europeo de fines del siglo XV, inmerso en la mentalidad y concepción mercantilistas de su época, consideraba la acumulación de oro y plata como el sustento de la riqueza de una sociedad y el logro de este último fin inspiró las expediciones de reconocimiento y conquista más allá de las fronteras del viejo continente desde la segunda mitad de la decimoquinta centuria.” (5).

Conocida la historia, una vez depuesto Atahualpa, se inicia uno de los saqueos de oro y plata más célebres en la historia universal; es así que tanto templos como tumbas son violentadas y despojadas de la parafernalia de gran valor que contenían; estos objetos que fueron fundidos para ser transformados en barras y monedas. Acabado el saqueo, los conquistadores procedieron a la búsqueda de las minas de donde provenían los minerales valiosos, dándose inicio a una etapa de explotación de minas que inicia la historia negra de la minería en el Perú.

Según Alfonsina Barrionuevo, es en 1540 que se inicia la explotación de la primera mina por parte de los españoles, denominada Qolque Pokro, en el Alto Perú, y es donde se acuña la más antigua moneda peruana. Es sin embargo con el conocimiento de la existencia de un “cerro de plata” denominado Potosí en el año 1545 que la producción minera toma mayores dimensiones. Sobre ello Gálvez Peña menciona lo siguiente:

“La gran minería desarrollada en el Perú durante la época colonial adquiere carta de ciudadanía a partir del descubrimiento del asiento del “Cerro Rico” de Potosí en 1545. Empero, Potosí representa al mismo tiempo el final de la búsqueda del tesoro del conquistador y la madurez y formalización de la de la historia minera peruana. Llegar a “Cerro Rico” y crear la imagen histórica de la bonanza de los minerales peruanos, no habría sido posible si las ansias mineras no hubieran seguido la ruta de antiguos circuitos de explotación establecida desde tiempos prehispánicos, y transitada por los recién llegados a partir de 1532 con la ayuda de los “mineros naturales”. Esta etapa de exploración, y también –en la mayoría de los casos conocidos- de indecisa explotación, define los inicios de la minería peruana”. (6)

Otros dos puntos interesantes en esta primera etapa de la industria minera en el Perú, y que lamentablemente inician la mala imagen de la minería por sus pésimas prácticas de seguridad ocupacional, son, en primer lugar, el descubrimiento de las minas de oro de Santa Ana de Carabaya, lo que provocó la llamada primera fiebre minera de nuestro país. Menciona Gálvez Peña que desde 1538 hasta 1550 se extrajeron más de 1. 7 millones de pesos de oro de una calidad que iba más allá de la ley conocida hasta entonces. Sobre la explotación de las minas de Carabaya Gálvez Peña escribe:

“Las minas de oro de Carabaya, ubicadas a baja altitud, empezaron a ser trabajadas con mano de obra nativa con la trágica consecuencia de que la población indígena se diezmó fuertemente por lo cálido y enfermizo del clima, así como por las duras condiciones de trabajo ya que se trataba de un conjunto de lavaderos a orillas del río del mismo nombre.” (7)

El segundo acontecimiento, que también tiene similares características de mayor producción y maltrato a la mano de obra, se da con el descubrimiento de las minas de azogue en Huancavelica, lo que permitió dinamizar la producción de plata del Alto Perú, pues hasta entonces el azogue (mercurio, insumo necesario para el proceso metalúrgico de la plata) tenía que ser importado; el azogue producido en Huancavelica era trasladado a Potosí para su uso en la labor minera. Al respecto Barrionuevo menciona lo siguiente:

“Por su poder altamente corrosivo el mercurio va bien acondicionado en recipientes de arcilla y cuero para no dañar el lomo de las mulas. En Cambio, los nativos partían el mineral sin protección, aspirando por nariz y boca un polvillo tóxico, con sustancias muy venenosas como el cinabrio, el arsénico, el anhidrido arenoso y los vapores mercuriales que acaban pronto con ellos. Los españoles le conocían como el “mal de las minas”, porque era incurable y de terribles efectos”. (8)

Adicionalmente Barrionuevo señala también que:

“Tanto Potosí como la Villa Rica de Oropesa que funda Cabrera, disfrutando las primicias del azogue, son objeto de censura de los propios representantes del Rey. El virrey de Montesclaros comenta que es “una estampa del infierno”. El virrey Conde de Lemos envía una carta al rey, cuando era visitador, sobre la tiranía que sufren los indios, trabajando día y noche, y sin salir de las minas hasta el sábado, terminando con una frase que es una condensación y una denuncia “No hay nación en el mundo tan fatigada, ¿Cuándo descansa?. ¿Cuándo duerme?”.(9)

Estas precarias e inhumanas condiciones de trabajo a las que fueron forzados los nativos en dichas épocas se mantuvieron con algunas mejoras en los siglos siguientes, y fueron incorporándose en el subconsciente colectivo de los pobladores andinos, constituyéndose así en un pasivo antropológico de la actividad minera; es decir , en una oposición natural hacia la minería, puesto que madres e hijos vieron como maridos y padres sufrieron las duras condiciones de trabajo, con las consiguientes enfermedades y muertes prematuras. Esta es una explicación del rechazo que se manifiesta en muchas zonas andinas ante la incursión de la actividad minera actualmente, a pesar de que viene con una gestión social y ambientalmente responsable.

Establecido ya el virreinato, y superadas las luchas intestinas entre los conquistadores, la economía de la colonia giró en torno a los encomenderos, los que además de vivir de las rentas que sus territorios les brindaban, vieron en la iniciativa privada de operar sectores productivos como el agro, la minería, el comercio y los obrajes una alternativa para incrementar sus ingresos. En este inicio de la actividad productiva en manos privadas en nuestro territorio fue la minería la que se constituyó en el sector productivo más dinámico, tal como lo manifiesta Francisco Quiroz Chueca en su ensayo incluido en el libro Historia de la Minería en el Perú:

“Precisamente, la minería fue la actividad principal de la nueva economía surgida hacia 1565 debido a que abastecía de numerario, generaba centros poblados de alto consumo que articulaban extensas zonas agropecuarias y fortalecía los lazos comerciales y fiscales con España.” (10)

El desarrollo de la minería en el virreinato se basó principalmente en los enclaves de Potosí y de Huancavelica, a diferencia de lo ocurrido en México donde se apostó a la explotación de un gran número de minas; se estima que esta decisión se basó por la alta ley de ambos yacimientos, y su gran dimensión (reservas), condiciones que generaban la facilidad de su explotación a gran escala.

Es preciso mencionar que si bien en dichos años se instituyó la gran minería en el Perú, esta convivió con la existencia de muchas minas medianas y pequeñas ubicadas a lo largo de toda la sierra peruana, las que también aportaron significativamente a la economía virreinal y española. Sin embargo a mediados del siglo XVIII los yacimientos comienzan a presentar agotamiento, lo que motivó a la Corona que estimule la exploración de nuevos yacimientos, entre los que destacó la zona minera de Cerro de Pasco. Sobre esta normatividad de la Corona Scarlett O’Phelan argumenta que:

“En este sentido hay que tener en cuenta que dentro del nuevo código de minería, de inspiración borbónica, se estimulaba no sólo la presencia de descubridores de nuevas vetas, sino también de aquellos que denunciaran sitios aparentes para establecer las oficinas y los implementos necesarias para el beneficio de los metales. Esta política era coherente con el objetivo de introducir nuevas maquinarias y nuevas técnicas que estuvo en la mira de las reformas borbónicas.” (11)

Esta nueva normatividad que impulsó la minería en territorio peruano incluyó la creación del Real Tribunal de Minería de Lima en el año 1785, entidad que promovía y controlaba la actividad minera, y que incluso prestaba dinero a los mineros para incentivar la actividad. Esta entidad fue eliminada con la fundación de la República.

Este nuevo despegue de la minería se vio interrumpido coyunturalmente por el proceso de emancipación, debido a las guerras, las ocupaciones militares de los centros mineros, y la falta de mano de obra. Sin embargo ello no dificultó que tanto los libertadores y los fundadores de la República consideraran a la minería como la alternativa prioritaria para el desarrollo económico del nuevo país, concepción que compartieron los inversionistas ingleses que estaban a la espera; es así que llega el capital inglés a Potosí, y en nuestro territorio a la rica zona minera de Cerro de Pasco.

Si bien los primeros años de la República fueron de una marcada anarquía y tuvieron a la minería como una de sus principales fuentes de ingresos, a partir de la primera mitad del siglo XIX deja su lugar al boom guanero, como producto de la gran demanda del fertilizante natural en Europa; es así que el guano desplaza a la plata como el primer producto de exportación hasta fines de la década de los 70, como detalla la Dra. Carmen Mc Evoy Carreras en su ensayo La Minería Republicana entre 1845 y 1899 publicado en el libro La Historia de la Minería en el Perú. Esta situación coincidió con una crisis de la actividad minera, la que es explicada por Mc Evoy de la siguiente manera:

“Las quejas más frecuentes de los mineros durante esta etapa se refieren a la ausencia de capitales. Los otros cuellos de botella para el despegue del sector minero eran la falta de vías de comunicación, la ausencia de tecnología y la escasez de mano de obra”. (12).

Sin embargo fue gracias a las ganancias que generó el boom guanero que el Estado peruano pudo invertir en la infraestructura necesaria para el desarrollo de la actividad minera, focalizada principalmente en el centro del país. Es así que la construcción del ferrocarril central en el gobierno del presidente Balta en 1868 a cargo de Enrique Meiggs, permitió que se deje el transporte a lomo de bestia, como detalla a continuación Mc Evoy:

“El transporte del mineral hacia la capital para su acuñación se realizaba a lomo de bestia. Existían dos rutas para el transporte Cerro de Pasco – Lima: la de Huarochirí, muy poco utilizada, y la de Canta. La distancia y lo agotador de la jornada, cuatro días a caballo, no eran el único obstáculo que tomar en consideración. El bandolerismo, factor fundamental de la falta de seguridad de los caminos, era también un impedimento que atentaba contra la movilización de los recursos mineros hacia los centros de acopio y de distribución.” ( 13)

Así, el contar con un ferrocarril trasandino permitió que se trasladen con gran prontitud y seguridad la producción de minerales de las minas de las actuales regiones de Pasco y Junín, situación que también favoreció el transporte de otros productos como el carbón y los de pan llevar. La entrada en funcionamiento del ferrocarril coincide con el decaimiento de la actividad guanera, y el nuevo relevamiento de la minería como principal actividad generadora de impuestos; sin embargo la guerra con Chile paralizó casi completamente la promoción de la actividad minera.

Los años de la post guerra fueron el escenario de un nuevo despegue de la minería nacional, luego de varias décadas en crisis. Este nuevo escenario consideró: contar con vías de transporte adecuadas; su modernización en cuanto a nueva tecnología como la fundición y la lixiviación; y una permanente actividad exploradora que permitió encontrar nuevos yacimientos: Esta etapa de nuevo despegue trajo la atención de inversionistas tanto nacionales como extranjeros. Todo ello permitió que la producción minera pasara de 423 mil libras en 1886 a 1,782 mil libras al iniciar el siglo XX (14).

El desarrollo de la minería en el siglo XX está enmarcado en la emisión de normas especializadas para el sector, y por la entrada en funciones de instituciones especializadas en el quehacer minero. Así se promulga el Código de Minería en 1900 bajo la presidencia de Eduardo López de Romaña, y que rigió por aproximadamente 50 años; este primer código fue en sí producto de la propuesta trabajada por la Sociedad Nacional de Minería, gremio empresarial fundado en 1896. Es destacable también la fundación del Cuerpo de Ingenieros de Minas en 1902, y de la “Estadística Minera” publicada en 1903. A la par se estableció el patrón de oro para nuestra economía monetaria, la que tuvo repercusiones durante 3 décadas.

La primera mitad de siglo pasado fue también testigo del surgimiento de la actividad cuprífera en nuestro país, lo que se dio como respuesta a la demanda de cobre en muchas de las grandes industrias que comenzaban a crearse tanto en Europa como en los Estados Unidos; y principalmente a su uso como conductor de la energía eléctrica. Sobre este tema el Lic. Paúl Rizo Patrón Boylan menciona lo siguiente en su investigación publicada en el libro La Historia de la Minería en el Perú:

“No es de extrañar que los países industrializados tuviesen cada vez mayor interés por explotar yacimientos importantes de cobre… Los mineros peruanos, comprometidos con el ciclo previo de explotación argentífera y aurífera y su posterior declive, empezaron a advertir la creciente importancia del cobre, cuya presencia solía ubicarse en las proximidades de las reservas de oro y plata. Algunos de los más dinámicos empezaron a invertir en la infraestructura necesaria para la extracción de mineral de cobre y en su transporte a los centros de tratamiento metalúrgico.” (15).

Es importante también mencionar que la llegada de la producción cuprífera a nivel de gran minería estuvo acompañada del arribo del capital extranjero, hecho que tiene en la fundación de la Cerro de Pasco Mining Company como un ícono en la minería peruana. Con esta presencia extranjera se incrementó la inversión tanto en infraestructura como en la de transporte (ferrocarril La Oroya – Cerro de Pasco), y en la tecnología como la construcción de la fundición de Tinyahuarco.

Si bien llegó la modernidad a la producción minera, no se solucionaron serios y antiguos problemas relativos a la mano de obra, situación que repercute en la aceptación de la actividad minera por parte de las comunidades vecinas a los centros de operación minera. Las grandes empresas extranjeras mineras, al igual que las nacionales, adoptaron el viejo sistema virreinal del “enganche” para asegurarse de la mano de obra necesaria para mantener los niveles de producción. Rizo Patrón detalla este penoso sistema de la siguiente manera:

“El enganche constituía un sistema de conformación semiforzoso de los trabajadores, contratándolos, en base a adelantos en dinero o mercadería, en sus propios lugares de origen. Se recurría a otra empresa o a un particular, que ejercía de enganchador, solicitando un número de operarios para alguna tarea y por cierto periodo. Se les hacía firmar un contrato garantizado por una o más personas.” (16)

Este sistema, que también fue empleado en la época del caucho y en las haciendas azucareras del norte del país, se mantuvo en la minería hasta mediados de siglo pasado, generando consigo un resentimiento por los trabajadores y sus familiares hacia la empresa minera y consiguientemente hacia la misma actividad minera, situación que alimentó el ya mencionado pasivo antropológico.

A la modalidad de abastecerse de mano de obra, se le debe sumar otro factor negativo, referido a las condiciones de vida del trabajador minero en los campamentos. Para ilustrarnos al respecto citamos nuevamente a Rizo Patrón respecto a campamentos del centro del país:

“Las condiciones de vida de los trabajadores mineros, en términos generales, no fueron buenas. Pese a que algunas empresas hicieron notables esfuerzos por crear campamentos dignos, muchos estuvieron en zonas inhóspitas (por ejemplo el asentamiento de Morococha, situado a unos 4,500 m.s.n.m.). Las habitaciones de los trabajadores solían ser de 4 por 4 metros que debían compartir con sus familias. Vivían prácticamente acuartelados, se abastecían en tiendas o almacenes “mercantiles” que contribuían a su endeudamiento (y consiguiente “atado” a la empresa en muchos caos) y se relajaban en las cantinas“ (17)

Estas relaciones laborales asimétricas originaron también la creación de los sindicatos en las empresas mineras, las que a lo largo del siglo pasado tuvieron un papel caracterizado por su combatividad, y tuvo en el Primer Congreso de Trabajadores Mineros del Centro realizado entre el 8 y 14 de noviembre de 1929 su partida de nacimiento.

Ya para el análisis de la segunda mitad de siglo pasado, la Dra. Margarita Guerra Martiniere identifica 3 marcadas etapas en su artículo La Minería entre 1950 y 1998 publicado como parte del libro La Historia de la Minería en el Perú de José Antonio del Busto. La primera comprendida entre 1948 y 1968 incluye la emisión del segundo código de minería, y es definida por Guerra Martiniere como aquella que:

“… corresponde a una política liberal que privilegia las actividades económicas extractivas y de exportación, vinculadas con los mercados internacionales. Asimismo se favorece el ingreso de inversionistas extranjeros de gran poder, con lo cual se asegura, hasta cierto punto, la generación de puestos de trabajo.” (18).

Esta etapa es cortada abruptamente por el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, liderado por el general Juan Velasco Alvarado. Se pretendió realizar una transformación estructural de la sociedad con una ideología denominada socialista y nacionalista, la misma que significó un cambio radical en el aparato productivo nacional; se inició un proceso de nacionalización en el agro, la pesca y hasta la banca y la industria, y consecuentemente también en el sector minero. Se nacionalizaron las empresas extranjeras (excepto la Southern Perú Copper Corporation), y la actividad minera quedó prácticamente en manos de las empresas estatales Minero Perú y Hierro Perú, y posteriormente Cetromin Perú.

Con la actividad minera en manos del Estado se invirtió muy poco en el sector; adicionalmente se fortalecieron los sindicatos mineros, los que vieron en el Ministerio de Trabajo prácticamente a un aliado. Esta época se caracterizó además por una pérdida de competitividad en el sector minero peruano en comparación de otros países vecinos como Chile.

La tercera etapa señalada por Guerra Martineiere se refiere a la más reciente, a partir de 1980, y se caracteriza por una primera etapa de tibia promoción de la actividad privada en el gobierno de Belaunde, y un nuevo ostracismo con el primer gobierno de Alan García. Es sino hasta el gobierno de Fujimori cuando se sientan las bases para el nuevo despegue del sector minero con la emisión de la nueva Ley de Minería que promueve activamente la inversión privada en el sector; así como las nuevas normas ambientales del sector que implantan estándares aplicados en países de alto desarrollo minero.

Con el gobierno de Fujimori se presenta un significativo flujo de inversión privada, tanto nacional como extranjera; se privatizan las minas hasta entonces en manos del Estado, y se dan en concesión yacimientos mineros hasta entonces no aprovechados. Es en este periodo que llegan al Perú los grandes operadores mineros; al respecto es importante conocer la posición de Pro Inversión, entidad estatal encargada justamente del proceso de privatización y promoción del sector minero:

“A finales del siglo XX, el Perú ingresa a un proceso de promoción de la inversión minera de sus principales proyectos y operaciones mineras con la finalidad del modernizar la minería e incrementar la inversión bajo el marco de leyes que promocionan la inversión privada.”

Sin embargo esta labor encontró varios puntos cuestionados por las grandes trasnacionales mineras, las que aún veían con recelo al Perú como un destino de sus recursos financieros, principalmente por la ausencia de normas claras que les permitan planificar inversiones en proyectos mineros que son de rentabilidad a mediano y largo plazo. Frente a ello Pro Inversión señala que:

“Producto de las percepciones de los inversionistas sobre los aspectos sociales y ambientales, en que no habían políticas claras sobre el manejo ambiental y por lo que no era factible invertir en el país, es que se diseña un nuevo marco regulativo ambiental, que hoy es uno de los más avanzados en la Región y que crea las condiciones para superar la percepción de minería antigua que dejó una mala imagen ambiental.”

Además de la normatividad lograda para la promoción de la inversión privada en el sector minero, es importante mencionar que Pro Inversión realizó su labor considerando puntos referidos a la construcción de relaciones de concordia que deberían establecerse entre los nuevos empresarios llegados a nuestro país, y las comunidades vecinas a los asentamientos mineros; es decir, se promueve una gestión de relaciones públicas a cargo de los nuevos operadores, enfocada en el desarrollo sostenible de sus áreas de influencia:

“Es así, que para la promoción de la inversión privada de los proyectos mineros Pro Inversión, maneja una serie de variables que tienen por finalidad desarrollar proyectos y programas sociales participativos que beneficien en el corto y mediano plazo a las comunidades y centros poblados localizados en la zona de influencia del proyecto minero, que deben seguir una secuencia acorde con la topología de proyectos en función de los niveles de pobreza y el requerimiento de necesidades de las diferentes poblaciones involucradas.” (19)

Este proceso de modernización del sector minero peruano, iniciado en el primer lustro de la década de los noventa, dio como resultado grandes inversiones materializadas en nuevas minas como Yanacocha en Cajamarca, Antamina y Pierina en Ancash, Alto Chicama en La Libertad entre otros nuevos centros mineros; adicionalmente grandes minas como Cerro Verde, Tintaya, Cerro de Pasco y muchas otras medianas pasaron a manos del sector privado, y requirieron grandes inversiones para su modernización.

El Perú actualmente vive una bonanza en el sector minero, puesto que a las nuevas inversiones que generan mayores volúmenes de inversión se le suma el incremento de los precios de los minerales a nivel mundial como producto de la demanda originada entre otras cosas por la modernización de países como China e India. Por otro lado, hay expectativas de grandes inversiones en el sector para los próximos años, resaltando el desarrollo del proyecto Toromocho en Junín, Michiquillay y Cerro Corona en Cajamarca, La Granja en Lambayeque, Majaz y los fosfatos de Bayovar en Piura y Las Bambas en Apurímac, entre muchos otros. (20)

Esta bonanza se manifiesta en la posición que logró el Perú en los últimos años: Primer productor mundial de plata, tercer productor mundial de cobre, estaño y zinc, cuarto productor de plomo y quinto productor de oro. A nivel interno este boom minero se refleja en las cifras de tributación del sector, las que pasaron de 386 millones de nuevos soles en el año 1996 a cerca de 8.5 mil millones en el 2006.(21)

Sin embargo no todo es positivo en el sector minero peruano; existe un fuerte movimiento antiminero, liderado algunas organizaciones no gubernamentales – ONG que esgrimiendo argumentos ambientalistas hacen una férrea oposición a la minería; entre estas ONGs podemos mencionar a Oxfam Américas, Survival, Observatorio de Conflictos Mineros, entre las internacionales; y a la Confederación Nacional de Comunidades del Perú Afectadas por la Minería CONACAMI, Red Muki, Cooperacción, Grufides, CEAS, entre otras entre las nacionales. Otro argumento de peso de estas ONGs en su discurso contrario a la minería es que las poblaciones de las zonas de operaciones mineras siguen viviendo en extrema pobreza, a pesar de los indicadores macroeconómicos.

Esta paradoja es tal vez el principal reto al que se enfrentan las empresas mineras modernas que desarrollan una gestión socialmente responsable, y en este proceso es que postulamos el rol estratégico de las relaciones públicas, enfocadas en generar confianza en las comunidades vecinas, y desarrollar con ellas proyectos de desarrollo sostenible que les permitan combatir eficientemente la pobreza.

NOTAS

1 Alfonsina Barrionuevo
Mito, Leyenda, Historia: La Minería en el Perú
Lima, setiembre de 2001
BHP Billiton
Pág. 3

2 Mercedes Cárdenas Martín
Minería y Metalúrgia Pre-Inca
Historia de la Minería en el Perú
José Antonio Del Busto Duthurburu
Lima, abril de 1999
Pág. 20

3 Alfonsina Barrionuevo
Op. Cit.
Pág. 4

4 Alfonsina Barrionuevo
Op. Cit.
Pág. 4

5 Carlos Gálvez Peña
Los Tesoros del Conquistador – Minría en la Primera Mitad del Siglo XVI
Historia de la Minería en el Perú
José Antonio Del Busto Duthurburu
Lima, abril de 1999
Pág. 100

6 Carlos Gálvez Peña
Op. Cit.
Pág. 104

7 Carlos Gálvez Peña
Op. Cit.
Pág. 108

8 Alfonsina Barrionuevo
Op. Cit.
Pág. 9

9 Alfonsina Barrionuevo
Op. Cit.
Pág. 10

10 Francisco Quiroz Chueca
La Minería Virreinal 1550 - 1600
Historia de la Minería en el Perú
José Antonio Del Busto Duthurburu
Lima, abril de 1999
Pág. 129

11 Scarlett O’Phelan
La Minería del Siglo XVIII
Historia de la Minería en el Perú
José Antonio Del Busto Duthurburu
Lima, abril de 1999
Pág. 241

12 Francisco Quiroz Chueca
Op. Cit.
Pág. 129

13 Carmen Mc Evoy Carreras
La Minería Republicana entre 1845 y 1899
Historia de la Minería en el Perú
José Antonio Del Busto Duthurburu
Lima, abril de 1999
Pág. 293

14 Carmen Mc Evoy Carreras
Op. Cit.
Pág. 294

15 Carmen Mc Evoy Carreras
Op.Cit.
Pág. 303

16 Paúl Rizo Patrón Boylan
La Minería entre 1900 y 1950
José Antonio Del Busto Duthurburu
Lima, abril de 1999
Pág. 294

17 Paúl Rizo Patrón Boylan
Op. Cit.
Pág. 327

18 Margarita Guerra Martiniere
La Minería entre 1950 y 1998
José Antonio Del Busto Duthurburu
Lima, abril de 1999
Pág. 330

19 ProInversión
Fideicomiso Social: Minería Responsable y Desarrollo Sostenible
Lima, Setiembre 2005
ProInversión

20 Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía
Reporte Estadístico Minero Energético Primer Semestre 2007
Lima, octubre de 2007

21 Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía
La Minería en Cifras
Suplemento distribuido con el diario Correo
Lima, abril de 2008

domingo, 21 de octubre de 2007

MI HUALCARA QUERIDO



Unas semansa despues del sismo del sur, Universitario realizó una colecta de ropa, vivieres y otros artículos que podían ser de ayuda para los damnificados; una primera colecta fue entregada en el Canal 7 para su reparto. Sin embargo estaba latente la idea de hacer una colecta especialment para los pobladores de Hualcará, tierra donde nació el ídolo eterno LOLO FERNANDEZ.

La colecta se realizó, y fue significativa la ayuda que se logró; la solidaridad crema no solo se manifestó en las entregas de productos en la sede Lolo Fernández, sino en un entusiasta grupo de socios que se involucraron completamente en la cruzada, desde la promoción de la colecta, hasta la entrega de lo recolectado en el mismo Hualcará.

Es así que el segundo fin de semana luego del sismo hicimos una visita a la tierra donde nació Lolo Fernández; unos llegaron en sus propios autos, otros en el omnibus alquilado y otros con el camión que traìa la ayuda. Se cumplió con el reparto, gran satisfacción. Pero también pudimos conocer mucha gente crema hasta los huesos que de sus cobachas sacaban retratos de Lolo, de equipos de Universitario y otras reliquias cremas.

Uno de esos personajes fue Juan Arias Yactayo, humilde trabajador que cultiva el arte de la composición musical con el seudónimo de "Un Hualcarino", y que haciendo un alto en sus tareas de remosión de escombros nos atendió para conversar y darnos una canción sobre su terruño, cuya letra copio a continuación:

MI HUALCARÁ QUERIDO

I

De nuevo estoy aquí
mi Hualcará querido
vuelto a ti suelo mío
Cansado de sufrir

II

Soy el mismo de ayer
por cosas de la vida
canté mi despedida
más prometí volver

III

De nuevo estoy aquí
tierra que no se olvida
vuelvo a curar la herida
que el tiempo me dejó

IV

Los años al pasar me han hecho
recordar las cosas de otros días
y aquí estoy Hualcará
a vuelto tu cantor con su mejor canción

V

Muchachos de mis tiempos
ya van quedando pocos
unos se fueron lejoso
tros la muert cruel se los llevó

VI

Ya no se oye en las noches
bordonear las guitarras
tiempo de Benardino
de Victor Yactayo que no vuelven más

VII

Los años van pasando
me estoy volviendo viejo
por eso barrio amigo
ya nunca más me iré

VIII

Aquí quiero quedarme
para cuando muera
cubran mis despojos esta
santa tierra que me vio nacer

Música y letra de Alejandro Herrera Barahona
12 de setiembre de 1983

viernes, 5 de octubre de 2007

REPLICAS DEL 7.9

Miércoles 15 de agosto, reunión en los salones del Estadio Monumental desde las 5 pm entre directivos de Universitario y ejecutivos de Gremco para ver el espinoso tema del estadio; a eso de las 6 Y 30 finaliza la reunión, la gente de Gremco se retira y nosotros nos quedamos intercambiando idas sobre un problema más enredado que pelea de pulpos y haciendo hora para el partido entre la crema y Cristal, había que esperar.

A los pocos minutos la tierra comienza a temblar; mi primera reacción es quedarme tranquilo a que pase el remesón, no por algo viví más de 10 años en los pisos 10 y 11 de un edificio y me burlaba de los vecinos que salían hasta en camisón al primer temblorcito; pero esta vez el tema no pasaba, se prolongaba y decidimos abandonar el Monumental entre ruido y tembladera.

Fuera del edificio tuvimos que caminar sobre un puente peatonal que es usado para el ingreso de los periodistas, lo más cercano que he vivido a correr olas; ya en la explanada la tierra aún vibraba y los grandes vidrios del Monumental seguían murmurando como queriendo estallar en mil pedazos, pero resistieron, se callaron y vino la calma, al menos eso pensamos.

REPLICA I

Pasado el susto inicial, y con la frustrante imposibilidad de poder usar los celulares, comenzó el tema de las especulaciones, qué dónde había sido el epicentro, qué cuánto duró, y que si se jugaba o no el partido. Acompañado de un directivo y uno de los abogados de Universitario bajamos a la cancha del Monumental (literalmente bajamos, descendimos, no como muchos hinchas llaman bajar a la cancha al asistir a un partido, argentinismo intruso que muchos ya hicieron propio).

En la cancha la mayoría de los jugadores con los que pude hablar querían jugar, estaban muy motivados a ganar, se decía que el entrenador también, y que también el ciego Oblitas estaba de acuerdo; en ese compás de espera llegó John Galiquio a saludar a sus compañeros, con ropa de calle pues no jugaba por una expulsión, su sonrisa demostraba que luego de más de media hora aún no se sabía qué había pasado en su tierra. El Comisario tenía otra percepción del tema, se le veía preocupado, llamó a reunión a los delegados y luego de unos minutos se comunicó por los parlantes que el partido se postergaba, los contados hinchas que ya estaban en la tribuna protestaron.

Ya de regreso a casa tuve que cruzar el puente de la avenida El Derby en pleno embotellamiento, 30 minutos para avanzar 300 metros, cuando en eso mi carro comienza a moverse sin avanzar, miro a la izquierda y mi mirada se cruza con la del chofer del auto de al lado, ¿de nuevo, no? le digo, sí, me contesta con una tibia sonrisa cómplice de preocupación.

REPLICA II

El Centro Coordinador de Búsqueda y Salvamento de la SNMPE tenía planificado para los días 16, 17 y 18 de agosto la realización de su IV Competencia Nacional de Rescate, evento en el que participan escuadrones de rescate de las empresas mineras que se entrenan bajo la mística de la seguridad y el trabajo en equipo.

El evento fue suspendido, y más de 100 brigadistas mineros fueron trasladados el mismo jueves 16 en dos vuelos a la ciudad de Pisco para apoyar las labores de rescate. Nunca como esa vez un fuerte entrenamiento fue tan valioso.

REPLICA III

Mañana del jueves 16 de agosto en el local de la SNMPE. Los ajetreos a la orden del día, los teléfonos ocupados buscando proveedores de ollas, frazadas, colchones, alimentos envasados… había que conseguir todo y para ayer, en pocas horas partirían a Pisco los aviones con la ayuda conseguida.

Me tocó ir con dos compañeros a Gamarra en un verdadero shoping de emergencia; necesitábamos conseguir frazadas y chalecos, y estos últimos debían ser estampados con el logotipo de la SNMPE para que los brigadistas puedan identificarse fácilmente en el lugar de los hechos. Una vez en el emporio victoriano, había que coordinar el estampado de los chalecos; como el tiempo apremiaba ubiqué el primer letrero de oferta del servicio: “Estampados Señor de Muruhuay”, … me dirigí allí.

El taller estaba en la azotea de la Galería La Libertad, un típico edifico antiguo de Gamarra con sus 5 pisos llenos de pequeñas tienditas, escaleras angostas, poca luz y falta de aire limpio. Cerrado el trato acompañé a la pujante micro empresaria Karina Giles a una cabina de Internet a 4 cuadras del taller donde en pocos minutos ya teníamos el logo listo para iniciar los estampados. Ya en el taller me puse a ver el paisaje de Gamarra desde un sexto piso, desordenada plantación de edificios que en su construcción abarataron el rubro Honorarios de Arquitectos.

Míre ese edificio!, me dice Karina entusiasmada por el trabajo encargado señalando uno delgado de unos 9 pisos, ayer temblaba como bailando la culebrítica, parecía que se caía!, concluye mientras yo pienso que lo mismo debería haber sentido otra microempresaria que trabaja en el edificio danzarín, pero sobre los demás edificios. Señor, insiste en su conversación, ayer Gamarra no parecía Gamarra, a las siete de la noche todo vacío, nadie en la calle, tiendas cerradas, nunca sentí Gamarra así…

Karen y su socio Alan García P. acaban el trabajo, les pago y salgo en un taxi con los chalecos hacia la sede de la Aviación Policial, se los entregamos a los brigadistas momentos antes de su partida. Una semana después Caretas publica una foto de Oscar Medrano tomada en Pisco, los brigadistas con los chalecos estampados en pleno trabajo de rescate de víctimas en un hotel que colapsó… habrán visto Karen y Alan su trabajo publicado en Caretas?.


REPLICA IV

El mayor de mis sobrinos tiene 20 años y una enorme capacidad para hacer amigos; es además un tipo solidario, lo que lo llevó a formar parte de la brigada de voluntarios de un grupo católico; estuvo un par de días apoyando en la recolección de las donaciones y luego viajó a Chincha para apoyar en el reparto, no supimos de él sino hasta cuatro días después cuando regresó manteniendo su buen humor, cansado, y con una mirada algo diferente.

Ya en la necesaria tertulia de interpelación le pregunté sobre lo que más le había llamado la atención en esa Chincha semidestruida, no dudó en decirme que era la forma en que las instituciones del Estado repartían las donaciones… en un primer momento dudé en lo que escuche pues esperaba que comente sobre edificios destruidos, historias de los damnificados, sus aventuras u otras descripciones apocalípticas.

A ver explica, le dije, y con cara de incredulidad y algo de indignación nos dio su testimonio sobre las imprevistas llegadas de camiones a algunas zonas, la aparición espontánea de masas de damnificados que pugnaban por recibir lo que en forma totalmente desordenada repartían los responsables; una cruda competencia en la que el que puede recibir más recibe más, y en la que el que necesita más recibe menos o no recibe nada; finalmente quejas, gritos, lamentos, reclamos, mentadas de madre y camión en fuga.

¿Por qué la sorpresa del sobrino?; el grupo al que apoyaba trabajaba de diferente forma, lo primero era dividir las zonas afectadas en zonas, encargar las zonas a brigadas de voluntarios que las visitaban y empadronaban a los damnificados casa por casa registrando sus necesidades, edades, heridos, número de hijos, de ancianos. Esta información era llevada al colegio Santa María que hizo de centro de operaciones, almacén general de las donaciones y albergue de los voluntarios; con la información recabada, grupos de voluntarios procedían a armar paquetes de alimentos y ropa especialmente confeccionados para cada casa empadronada. Los brigadistas visitaban nuevamente sus zonas y puerta por puerta entregaban en persona los paquetes con el nombre de la familia damnificada, mencionándoles los días de alimentación que tenían cubiertos con esa entrega.

La cosa es simple, las decisiones se tienen que tomar con la información pertinente para que haya eficiencia, sea en el campo empresarial, bélico, deportivo o de acciones de solidaridad.