| Invierno del 2005 Juliaca ya no era a fines de los sesenta aquel refugio cosmopolita del altiplano que cobijo a italianos, rusos, turcos, japoneses, alemanes y demás inmigrantes que encontraron en el viento juliaqueño un reemplazo de sus terruños; Juliaca cambiaba, pero contaba con una juventud que supo vivir al ritmo de Beatles y Saikos (echemos abajo la estación del tren…), y formar legendarias agrupaciones de amigos como los Jets, los Yerba Joven o los Gatos Pardos que incluso rebalsaron el primer lustro de los setentas. Era con los Jets que paraban Carlos y Charo, y eran tal vez la pareja que más célebre entonces, uno gigante estrella del glorioso Palca, ella la hembrita más rica de la época; me parece ayer estar en el antiguo coliseo de la calle Jauregui alentando al Palca, y como no ver a Charo entre su barra. De niño veía a Carlos en el taco de la esquina, era el campeón de billar con festejos de dos y tres días; Charito era destacada miembro de las vírgenes marchitas, grupo de chicas que representaban la alegría juliaqueña. El tiempo es malo y separa muchas veces lo bueno, y sobre todo golpea año tras año, la vida es dura y así deben haberla sentido muchas veces mis amigos. A Carlos lo veía esporádicamente en mis visitas a Arequipa y Juliaca, y lamentaba alguna noticia que me llegaba de él; a Charo sí la vi más, puesto que la casa de los Pérez en Porta era paso obligado para los juliaqueños que añoraban la tierra y los amigos. Juliaca ya no era el refugio cosmopolita de europeos y asiáticos la última vez que los vi juntos, era más bien lo que es hoy, ciudad pujante y retomada por los legítimos pobladores del altiplano; los encontré juntos luego de mucho tiempo e historias separadas, y los vi unidos al fin. Llegué como muchos sanrominos a celebrar las bodas de oro del colegio, y sentí la alegría de los amigos de siempre, nuevamente el calor de la casa de los Pérez, y la ternura al ver a esa carismática pareja ya no joven pero sí feliz, protegiéndose y engriéndose como recién enamorados. Fue Carlos quien me sacó a de una de las muchas cantinas que los sanrominos tomamos a 5 cuadras a la redonda del colegio luego del desfile por los festejos de los 50 años, mi avión salía en pocos minutos y yo seguía con la gentita de mi promo. Me llevó con Charo al aeropuerto; al despedirnos no pude callarme la felicidad que sentía en esos momentos al ver juntos a esos dos legendarios tórtolos, y no pude dejar caer una lagrima que fue compartida con algunas de ellos. Hace algunos meses Carlos nos dejó, y Charito lo hizo hace solo algunas semanas, lo supe recién hace algunos días; al enterarme no pude sino escuchar la voz ronca de Lora del Tri que me cantaba algo así como que unieron sus almas para darle vida a esta triste canción de amor, historia que al final de cuentas fue, más que triste, sublime. |
Comunicación corporativa, relaciones públicas, marketing, desarrollo sostenible, deportes, recuerdos, esperanzas y demás pepas.
lunes, 16 de julio de 2007
UNIERON SUS ALMAS PARA DARLE VIDA A ESTA CANCION DE AMOR
Suscribirse a:
Entradas (Atom)